Pasadizos

En uno y otro caso, el amor es un alcázar con pasadizos secretos por donde suelen extraviarse nuestras almas. Gonzalo Fragui(1960)

jueves, junio 22, 2006

El olor de los cítricos


Mi primo, Dagoberto Nogales, a quien desde que tengo memoria le dicen Dago, es un hombre rudo, y cuando éramos niños no se cansaba de desafiar a cuanto camba pasara por su delante para entreverarse entre puñetes hasta romperles la nariz, o hacerles sangrar los labios. Como no soy poeta –creo que ya se ha podido ver este defecto en el post anterior- mal puedo cantar en verso las cosas groseras que gritaba desde la rama larga que servía de salto para zambullirnos en el río Blanco. Así que me entretuve con el vaquero tarde y noche estos días pasados, pues me llegó de improviso desde el Beni con su cara de buenos amigos, diciendo: “Pariente, se acabó el fastidio, ahora a burisear como Dios manda”. ¡Qué mostachos más fieros! y en el pelo ya se notaban algunas tiras blancas que no eran de vejez, sino yo creo que de puro deseos de vivir levantando faldas. Un hombre atroz, dirían mis amigas, pero qué se le va hacer, así es mi primo Dagoberto, y sí, purito corazón, con una ingenuidad de río, diría yo, que pasa y pasa sin meditar qué es lo que toca en la orilla y qué se lleva por delante, y al fin agua, y al fin río.

Pues bien, mi primo y yo nos fuimos de parranda. Una fiesta aquí, otra fiesta allá –no sé de dónde las conseguía, solamente recuerdo su sonsonete: “Usted, pariente, es de los que ya no hay. Vive un montón de tiempo entre los crucos, es encima de cuentas local, y nada, ni una hembra. Pero no se preocupe que aquí me tiene, como un papayo macho, pa’ saciar su sed”. Entonces llegábamos de repente a una de aquellas casitas de la Villa Primero de Mayo, o del Plan 3000, y nos metíamos al patio donde alguien había alquilado un servicio de amplificación, y meta a bailar merengue. Como yo no conozco los pasos, metía la pata a cada momento, mientras la ocasional muchacha me miraba con picardía, diciendo: “No se preocupe, mi amor, que yo le enseño”. Y un, dos, un, dos, me veía haciendo los pasos y dizque echándole al baile. Como ya andaba un poco mareado –por los “rebajaditos” que acostumbran estos amigos”- no me daba cuenta de Dago, que en un santiamén desaparecía y se llevaba consigo a alguna de las mozas de la fiesta. Un condenado el primo.

Al final me cansé de tanto buri –que así no más le llamaba Dagoberto-, y opté por no querer salir. Me dijo que lo que yo tenía era una “burrera” y que la calmaría “enseguidinga”, de un soplido que le daría al celular. Pues, para que sepan mi estupidez, cándidamente, los primeros días le conté lo de Carolina, y el tipo se lo tenía muy guardado, pero sacó a relucir el asunto. “Aquí se acaba el bochi, dijo. Déjame que yo finiquito el pleito de un envión”. Les aseguro que se me pararon los pelos, hice lo que pude y lo que no pude para que no toque vela en este entierro, pero nada, el primo estaba destinado a hacerme la caridad.

El asunto es que la llamó por teléfono. Haciéndose pasar por mí –y aclarándome que hablaría, imitándome, como cruceño abrasilerado- , le dijo muchas cosas, entre ellas recuerdo las siguientes frases. “Sí, como te has podido dar cuenta, mi corazón te quiere, mi alma te quiere”. En otro momento, recuerdo que dijo: “Hoy sí, te confieso que sufrí por lo que me hiciste esperar aquel día, que aunque antes afirmé que no era nada, la verdad es que me dolió, fue muy duro recuperarse, y pensar en ti y soñar contigo como si estuviera obsesionado y lo estoy, te juro que lo estoy, porque te quiero.” Cosas así, mezcladas con algunos apelativos que yo jamás en la vida los habría pronunciado, que “agüita de canela del monte”, que “estrellita certera”, que “luna del bajío nuevo”, y el colmo fue cuando lo oí decirle “sinfonía de itaúbas”, o “cachuela de trinos y amor” y yo ya no sabía dónde meterme y no quería gritar, que no era yo, para no quedar mal con mi primo y con ella. En fin una tarde embarazosa. Terminó diciendo que necesitaba verla y que debía ser esa tarde misma y sí en la Plazuela Blacutt, al frente de Telecel. Y me despachó a su cita. Yo, como pueden imaginar quedé totalmente anonadado, claro que Dago no se da por vencido y al fin, medio remolón, me fui nomás a cumplir mi destino con la cola entre la piernas; pero no me van a creer y la cosa resultó. Así que ya tengo corteja y el amor me llegó como una explosión lunar (no sé lo que es una explosión lunar, tampoco, lo que es el amor). Mi primo ya regresó a sus pagos. Yo intento desahogar esta mi alegría, nueva como la hoja del naranjo que recién brota, nos asombra y nos anuncia que el futuro tendrá profundo olor de cítricos. Así que, en descargo –¿Para qué otra cosa si no sirve la palabra?-, publico este post.

5 Comments:

  • At 5:00 p. m., Blogger jorge angel said…

    jeje, así son los benianos, puro corazón, o al menos la gran mayoría, qué bueno que hayás alcanzado uno de tus sueños.

    abrazos

     
  • At 7:58 p. m., Blogger Oruro Nogales said…

    Sin duda, compañero, es mejor cantar con la guitarra. Gracias.

     
  • At 1:41 p. m., Blogger La Cortesana said…

    FELICIDADES!!!!!!
    a disfrutar éso que llaman amor, o lo que sea que se le parezca... a vivirlo...
    Parece a mí que merecés vivir una buena experiencia con Carolina, y no es que la felicidad tenga que ver con el merecerla, pero sí hay una relación entre la siembra y lo que se cosecha...
    Besos...

     
  • At 3:33 p. m., Blogger claudia peña claros said…

    ¡Qué belleza! qué increíble, querido. Sé feliz. Nosotros te hacemos barra.

     
  • At 3:48 p. m., Blogger Oruro Nogales said…

    Gracias, querida Claudia. El fuego es también como un dolor, que quieres más, al cual te sometes y deseas.

     

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